El gesto más resonante de estas horas es la bronca manifiesta de Rocío Bonacci, la diputada embaucada por Beltrán Benedit para subirse a la Renault Master Blanca del Congreso que llevaría a la comitiva libertaria a entrevistarse con Alfredo Astiz y sus camaradas de armas. La joven legisladora le hizo saber a Menem que permanecer en el bloque le causa «revulsión».
Públicamente, fue más moderada y divulgó que no tuvo intención de concretar, ni concretó, «visita o contacto alguno con internos condenados en causas por delitos de lesa humanidad». Además, comunicó que se mantuvo «totalmente ajena a tal situación», y agregó: «se tomaron fotografías de dicho encuentro -que no tengo en mi poder-, imágenes en las que no figuro, por no haber participado».
Como informó LPO, la incomodidad por la expedición hacia el penal donde moran los genocidas alcanza también a legisladores que evitaron pronunciarse pero entienden que hay un abismo entre la democracia y los condenados por los crímenes de lesa humanidad. Una fuente parlamentaria le comentó a LPO que la excursión le pareció «un montón» hasta a Ricardo Bussi, hijo del extinto general del Ejército en dictadura y gobernador tucumano Antonio Bussi.
De hecho, la crisis por el viaje a Ezeiza reavivó el ardor por temas previos. Por caso, el colega tucumano de Bussi, Gerardo Huesen, habría empezado a conversar con el radical Mariano Campero con el objetivo de armar un frente que detenga el avance de Karina Milei a través de Lisandro Catalán, quien detenta el extraño de vicejefe de Gabinete del Interior y es punto de la Casa Rosada para construir el partido en la provincia gobernada por el peronista aliado Osvaldo Jaldo.
Otro de los indignados es el formoseño Gerardo González, que padece el favoritismo de la secretaria general de la Presidencia por el senador Francisco Paoltroni. Todo el encanto que la hermana de Javier Milei encuentra en el enemigo de José Mayans se sintetizaría en los dolores de cabeza que le causa a la vicepresidenta Victoria Villarruel. Por eso, los recursos para «la política» llegan a la tierra de Gildo Insfrán a través de su principal opositor y mantienen a González al margen.
Similar es la situación del chaqueño Carlos García. Pero su pelea es interprovincial: Karina y Lule Menem empoderaron al correntino Lisandro Almirón, que hasta llegó a contar con apoyo de un sector del peronismo para las elecciones del 2023, para disputarle la provincia a Gustavo Valdés. Bajo esa hoja de ruta, habrían habilitado a Almirón a pisar más allá de su jurisdicción y ya empezó a chocar con su par chaqueño.
Más fuerte aún habría sido la jugada de Lule Menem contra el puntano Carlos D’Alessandro, quien le reclamaba a su primo y presidente de la Cámara Baja un lugar en la Bicameral de Inteligencia. El director de la nueva SIDE, Sergio Neiffert, habría dado el visto bueno pero la desconfianza del dúo riojano fue más grande. «¿A vos te impusieron a D’Alessandro?», habría sido la pregunta de Lule a Neiffert, uno de los hombres de Santiago Caputo en el aparato de Inteligencia.
La respuesta del jefe de los servicios no habría sido suficiente. LPO reveló que Menem trató de blindar la Bicameral con Gabriel Bornoroni y César Treffinger, frente a la desesperación de Patricia Bullrich por la jugada de Leopoldo Moreau para investigar los interrogatorios políticos aplicados a los detenidos durante la represión desplegada el 12 de junio pasado, cuando se trató de la Ley Bases en el Senado.
Como sea, la disconformidad aumenta dentro del bloque libertario y hasta se habla de una reunión por Zoom entre algunos díscolos para coordinar la forma de «disputar sin romper». «La Libertad Avanza somo nosotros», dicen casi golpeándose el pecho, y apuestan, acaso candorosamente, a que Milei desplace a su hermana más temprano que tarde.



