La actitud de Vidal impidiéndole a Grasso subir al palco un 25 de Mayo, habla muy mal de su cultura política y victimiza a su enemigo, a quien pretende ningunear.
La actitud que tuvo el Gobernador Claudio Vidal durante el acto del 25 de Mayo, con las autoridades municipales de Río Gallegos, encabezadas por el Intendente Pablo Grasso, es pueril, incivilizada, grotesca, anti institucional, procaz y profundamente anti política y rayana en lo antidemocrática.
La seguridad del gobernador se comportó como una verdadera patota, una fuerza de choque institucionalizada/legalizada por el propio mandatario que cree estar en un mitín sindical de Petroleros, en vez de en un acto patrio donde no solo no peligra su seguridad, sino que sin llegar a relajarse, son momentos en los cuales por la magnitud del acto y la convocatoria popular que produce, “los culatas” de Vidal, deberían pasar más desapercibidos.
El papelón que hizo el gobierno provincial en el acto del 25 de Mayo, es histórico e inédito. No tiene antecedentes en la provincia, ni siquiera cuando la gobernaba Néstor Kirchner, quien para la descortesía, la impuntualidad, el maltrato y el ninguneo a quienes no le caían bien, era un maestro.
Como diría mi madre “el hombre mostró la hilacha” y acá no se trata de defender a Pablo Grasso el intendente de la ciudad capital a quien le fue negado el acceso al palco, donde previamente se habían pactado los discursos de ambos (Intendente y gobernador), lugar del cual tuvo que retirarse porque le fue impedido acceder por la gente que rodea al mandatario provincial.
El protocolo, algo que Vidal desconoce o cree que solo se aplica con los propios, es una manifestación política hacia el afuera del gobierno, un detalle de organización y ceremonial, es una comunicación no verbal que mantiene el gobierno con los ciudadanos, por lo tanto, lo que comunicó el gobernador a la población, durante el acto del 25 de Mayo, es que transformó un acto patriótico que supone unión, fraternidad y patriotismo, en un ordinario acto partidario.

Como si se tratara de un mintín sindical, de esos que los petroleros hacen en medio del campo con miles de trabajadores con casco, Vidal asistió rodeado de una patota cuasi mafiosa, con pistolas colgadas al cinto; una vez más se revela el desconocimiento del gobernador y sus funcionarios, del protocolo más elemental que deben cumplir los custodios de cualquier funcionario: llevar el arma enfundada en una pistolera externa o interna, pero resguardada de la vista del público.
Como se puede observar en el video, un hombre con cara de malo (un lugar común en el que caen aquellos que no son custodios de profesión, sino improvisados, policías o particulares que se creen la reencarnación de James Bond) empujan e impiden el paso de funcionarios municipales, insisto, en un acto patrio, no precisamente en un acto político como el que desplegó Vidal mostrando un entorno violento y autoritario, con armas a la vista colgando de la cintura, como rememoran aquellas fotos y videos de Pablo Escobar Gaviglia rodeado de los killers que lo defendían con la vida, si era preciso.
Casi como una burla, el acto fallido del Gobernador apareció cuando refirió a las “fechas patrias” como “Las fechas donde nos encontramos todos”, dijo; claro, olvidó decir que ese “todos” no incluía al Intendente de Río Gallegos Pablo Grasso, a quien no dejaron subir al proscenio ni realizar su discurso, ya pactado de antemano.
Vidal, quien está enfrentado con Grasso por la construcción de un liderazgo en la provincia, debería saber separar las cosas, pero su formación sindical no le permite ir más allá de una concepción primitiva de la política. Si tanto quiere perjudicar al intendente y ponerlo en un verdadero compromiso ante la sociedad, Claudio Vidal debería denunciarlo ante la justicia por la cantidad de hechos de corrupción que ha cometido Pablo Grasso durante la presidencia del IDUV y luego su hermana, cuando él pasó a desempeñarse como Intendente; sin embargo, no lo hizo.
Pretende que la ciudadanía se impacte con estas actitudes que el gobernador cree que son de “autoridad” y en realidad son una expresión ridícula de un hombre que no entiende la política, no sabe de protocolos y solo consume halagos de su entorno, se nutre del diario de Irigoyen y se rodea de un círculo improvisado que lo llevan a mostrar la peor cara de un hombre que se ha encontrado con el poder y no sabe cómo administrarlo. (Agencia OPI Santa Cruz)

