Mitos y verdades del sector pesquero argentino, para ilustrar a políticos, legisladores y comunicadores.
El sector pesquero en su conjunto y la industria naval han difundido, a través de Intercámaras, un video en el que derriban diez mitos sobre la pesca que busca imponer el gobierno nacional y se propagan en los medios. Veinte minutos para no seguir haciendo papelones.
En esa etapa está la industria pesquera, tratando de que políticos y periodistas entiendan qué es, cuánto derrama, cuánto paga y cómo está atravesada por cuestiones ambientales, sociales, de política y economía nacional e internacional. El párrafo citado pertenece a un extracto del video realizado por el sector pesquero en su conjunto y la industria naval, en el que se ocupan de derribar diez mitos que repiten los funcionarios del gobierno y propagan la mayoría de los medios de comunicación.
MITO UNO: Las empresas pesqueras solo pagan un 0,15% de regalías. FALSO.
MITO DOS: Las empresas pesqueras recibieron sus permisos y privilegios por una ley del gobierno militar a cambio de construir barcos en el país. FALSO.
MITO TRES: La pesca es un sector cerrado y no competitivo. FALSO.
MITO CUATRO: Las empresas pesqueras argentinas se niegan a participar en una licitación de cuotas, tal como sucede en otros países. FALSO.
MITO CINCO: Las flotas extranjeras pescan libremente en el mar argentino. FALSO.
MITO SEIS: El sector pesquero puede trasladar sus mayores costos al precio de lo que vende. FALSO.
MITO SIETE: Pescar es un negocio fácil y todos los que se dedican a la pesca son millonarios. FALSO.
MITO OCHO: En la pesca argentina no existen los controles. FALSO.
MITO NUEVE: La industria pesquera especula y difiere la liquidación de divisas cuando siente que el dólar está atrasado. FALSO.
MITO DIEZ: La pesca de arrastre es depredatoria y atenta contra la naturaleza. FALSO.
La argumentación en contra de cada uno de estos mitos nocivos e injustos es minuciosamente sustentada con datos en el material didáctico y completo que elaboraron para ilustrar a funcionarios como Federico Sturzenegger, cuya ignorancia y malicia están haciendo mucho daño.
En menos de veinte minutos el Ministro podrá tener una serie de elementos a partir de los cuales poder abordar el tema pesquero con la seriedad que se merece y evitar hacer un nuevo papelón en este día, en el que la ciudad de Mar del Plata, cuna de la pesca argentina, lo recibe en el coloquio de IDEA.
El video tiene una línea editorial sólida desde el punto de vista académico biológico, legal, económico y social. Luego de derribar cada mito, dedica la parte final a los desafíos del sector que son enormes y permite tomar dimensión del valioso tiempo que se está perdiendo en avanzar, cuando las energías deben estar puestas en evitar que se lo destruya.
Aquí queda el video. Debajo hemos dejado la trascripción del texto para quien quiera detenerse en cada mito y en cada respuesta con el objetivo de profundizar. Para los funcionarios a los que les cueste mantener la atención por más de un minuto, las cámaras están preparando microvideos.
Mitos y verdades del sector pesquero argentino
Transcripción del video realizado por la industria pesquera en su conjunto y la industria naval, que se difunde a través del canal de Intercámaras.
MITO UNO: Las empresas pesqueras solo pagan un 0,15% de regalías.
FALSO: La carga tributaria de la industria pesquera ronda el 35% de lo exportado. Y cuando se analiza la actividad de la flota pesquera independiente, la carga fiscal de algunas especies como la merluza, puede llegar a ser del 40% del valor capturado. El 0,15%, que tampoco es cierto porque en promedio era entre 1,3% y el 0,45% del valor del producto desembarcado es lo que correspondía al derecho único de extracción que fija el Estado a través del Consejo Federal Pesquero para financiar los gastos administrativos del recurso y del CFP, Escuela de Pesca, etcétera y que ya han sido incrementados sensiblemente.
Además, parte de esos gastos de la administración los vuelve a pagar el sector empresario por otras vías, financiando las campañas de investigación y pagando las tasas de inspectores y observadores.
Asimismo, el sector pesquero soporta una carga tributaria enorme compuesta por derechos de exportación, impuesto a las ganancias, ingresos brutos, cargas sociales, tasas municipales, tasas de SENASA, tasas de prefectura, canon portuario, tasas aduaneras, impuesto al débito, IVA que no se pueden recuperar o que se recupera tarde y devaluado. Y todo esto sin considerar el mayor impuesto que durante años ha sido la brecha o tipo de cambio atrasado en las exportaciones.
Solo tres países en el mundo cobran regalías pesqueras y ninguno de ellos posee derechos de exportación ni la carga tributaria de Argentina. Considerando solo los derechos de exportación, Argentina es por lejos el país que más paga por la explotación de sus recursos.
El error surge de comparar las regalías petroleras con el canon de explotación pesquero, asimilando ambas industrias. Son conceptos totalmente diferentes y estructuras tributarias totalmente distintas.
Actualmente muchas pesquerías de Argentina se explotan a pérdida. Por ende, si el Estado quiere modificar la forma en cómo recauda y aumentar aún más el canon o DUE, deberá analizar antes cómo reducir otros costos, porque la ecuación económica actual no resiste más aumentos.
MITO DOS: Las empresas pesqueras recibieron sus permisos y privilegios por una ley del gobierno militar a cambio de construir barcos en el país.
FALSO: La Ley Federal de Pesca 24.922, vigente desde hace 26 años, no es una ley de gobierno militar, sino del gobierno de Menem. Es una ley basada en las legislaciones de los países más liberales. Tanto los gobiernos militares como los dos primeros períodos de la democracia propiciaron la importación de barcos usados y no la construcción nacional.
Solo unas pocas empresas poseen permisos originales de aquellos años. La mayoría de las empresas que obtuvieron permisos en esos años quebraron o desaparecieron. Sobrevivieron Los más eficientes y las empresas actuales, incluidas las históricas de capitales nacionales, poseen mayoritariamente permisos que tuvieron que adquirir a otras empresas o a quiebras, fruto de la movilidad y apertura del sector.
Además, poseen cuotas de captura otorgadas en el 2009 en base a los criterios meritocráticos del artículo 27 de la Ley de Pesca Liberal de 1998. En la pesca no queda absolutamente nada que provenga de los gobiernos militares.
MITO TRES: La pesca es un sector cerrado y no competitivo.
FALSO: La pesca es una industria abierta, atomizada y competitiva. La génesis de la pesca argentina es similar a la del resto de los países del mundo. Toda pesquería tiene un proceso evolutivo bien estudiado desde sus orígenes, con libre acceso, su maduración, aún con libre acceso pero con plena explotación. El inicio de la sobrecapitalización y sobreexplotación de los recursos con limitación de acceso a los actores existentes y limitación de las capturas totales y seguidamente los procesos de reestructuración para reducir la sobrecapitalización, cuotas individuales de captura o esfuerzo por buque.
Todo esto ocurrió en la Argentina, del mismo modo que ocurrió en el resto de los países pesqueros, incluidos los más liberales del mundo y en todos los casos se resolvió del mismo modo, limitando el otorgamiento de nuevos permisos y con medidas de administración como las cuotas transferibles de captura.
Es una industria abierta porque cualquiera puede invertir en el sector pesquero y de hecho conviven empresas históricas de capitales nacionales con otras de capitales extranjeros, algunas de las cuales han ingresado hace muy poco tiempo. El único requisito para invertir en el segmento extractivo buques, es adquirir un permiso y o una cuota de otro permiso.
Esta es una lógica que se repite en todas las pesquerías del mundo que se encuentran en su máximo rendimiento y es inherente a la protección del recurso y el equilibrio biológico. La industria está muy atomizada y eso se refleja en las 500 empresas que procesan y o capturan recursos, de las cuales 200 son también exportadoras directas, algo que no sucede en el campo, donde el productor agropecuario le vende a un acopiadora y es esta la que lo exporta.
De este modo, el sector compite tanto en el plano interno como externo. Es tan competitiva que ha desarrollado más de 100 mercados externos y subsistido durante muchos años de atraso cambiario, derechos de exportación e impuestos asfixiantes y costos laborales altísimos, pese a competir con países que tienen costos en dólares muy inferiores o que subsidian a sus industrias pesqueras.
MITO CUATRO: Las empresas pesqueras argentinas se niegan a participar en una licitación de cuotas, tal como sucede en otros países.
FALSO: En ningún país del mundo se han licitado cuotas de capturas de pesquerías históricas y en máximo rendimiento como la nuestra. Solo se han dado casos de licitaciones en nuevas pesquerías o en porcentajes ínfimos. Chile y en un país donde las cuotas licitadas pertenecían a una empresa estatal, Namibia.
De acuerdo a la teoría liberal, la asignación eficiente de los recursos pesqueros se produce a través de la compra venta de cuotas, cuya asignación inicial se efectuó en base a criterios objetivos como los del artículo 27 vigente en nuestra Ley de Pesca. Historia de captura, empleo, inversiones, procesamientos e infracciones. Asignar esas cuotas de manera inicial por licitación sin expropiar antes a los anteriores tenedores con derechos e inversiones preexistentes, daría lugar a una crisis social, vulneración de derechos, sobrepesca por amparos judiciales, concentración, especulación y diversas fallas de mercado.
Ninguna industria licita su materia prima y menos aún se resetea cada 15 años, obligando a las empresas que ya han invertido y que tienen centenares de empleados a comprarse a sí mismas. Las inversiones en plantas y buques del sector son tan grandes que no se amortizan en 15 años, ni tampoco se realizan todas juntas en un mismo momento, tal como supone la lógica de la licitación. Nuevamente, aquí se comete la falacia de comparar a la pesca con las explotaciones petroleras.
MITO CINCO: Las flotas extranjeras pescan libremente en el mar argentino.
FALSO: Eso no sucede ya que existen controles de la Armada y Prefectura con patrullaje, sobrevuelos, radar y satélites. Cuando es capturado un buque pescando en la milla 199,9. Se trata generalmente de un error o una deriva por vientos o corrientes. Pensemos que la milla 200 no es una línea recta, sino que copia la geografía de nuestra costa y pueden existir errores de interpretación.
Todos los barcos que pescan en la zona económica exclusiva son argentinos, tienen permisos de pesca, emplean personal nacional y pagan impuestos en el país, aunque los nombres de esos barcos sean asiáticos o pertenezcan a empresas de capitales extranjeros.
Esto no quita que la pesca no regulada de la milla 201 sea un grave problema que se debe tratar de controlar y morigerar porque afecta un recurso migratorio y compite deslealmente en nuestros mismos mercados.
MITO SEIS: El sector pesquero puede trasladar sus mayores costos al precio de lo que vende.
FALSO: Más del 90% de lo que se captura se exporta y la Argentina no es formadora de precios internacionales. Por ende, cada vez que se aumentan los salarios, los impuestos o los gastos operativos sin correlación con los precios internacionales o el tipo de cambio real, el sector se ve seriamente afectado.
En los últimos años la coyuntura de precios ha sido muy desfavorable por los cambios en los hábitos de consumo que no se recuperaron luego de la pandemia y principalmente por la competencia de los pescados y mariscos de cultivo. Por ejemplo, en el langostino el precio cayó un 50% de su pico histórico y desde hace varios años no se puede recuperar. En la merluza, cada devaluación del real hace caer el precio de las exportaciones a Brasil. Así es como el precio en pesos que se paga por el pescado de un buque pesquero puede quedar sin variación durante muchos meses de alta inflación.
Otro mito es que el pescado en Argentina es caro porque se trata de un producto exportable. Eso también es falso porque históricamente los pescados y mariscos se exportan a valores mucho más bajos que los precios del mercado interno.
MITO SIETE: Pescar es un negocio fácil y todos los que se dedican a la pesca son millonarios.
FALSO: En la historia de la pesca argentina son muchas más las empresas que han cerrado o quebrado que las que han prosperado. Ventura, Greco, Mellino, Barillari, Alpesca, Huemul en Mar, Estrella de Mar, Costa Brava. Eso demuestra que pescar no es soplar y hacer botellas. Es una actividad de riesgo de capital y mano de obra intensiva, dependiendo de mercados externos y de precios que no fijan los argentinos, sino el mercado internacional.
Cada vez que un barco sale no tiene su captura asegurada. El éxito de la marea depende de la destreza de su capitán y tripulación, del clima, de los desperfectos mecánicos de la madre naturaleza. Muchas veces el barco volverá vacío, incompleto o a remolque, interrumpiendo así toda la cadena de trabajo y procesamiento en tierra. Pescar no es conectar un tubo y extraer peces.
Es cierto que el personal embarcado tiene salarios muy elevados, ya que todos los convenios son a producción y están dolarizados, pero justamente eso se ha constituido en una problemática que pone en riesgo la subsistencia del sector. Las empresas pesqueras actuales, ya sean grandes, medianas o pequeñas, que sobrevivieron las diferentes crisis son claramente las más aptas y merecen respeto.
Hay muchas pymes con empresarios que son o fueron los capitanes o maquinistas de los barcos. Empresas grandes donde sus titulares están todos los días en la banquina o en la planta elaboradora controlando la producción. Una actividad que obliga a estar en alerta las 24 horas del día sin feriados. Porque cuando un barco tiene una emergencia en alta mar, no importa el día o el horario. En definitiva, es un sector de mucho trabajo, tradición y mérito, con valores que deberían ser destacados y no denostados.
MITO OCHO: En la pesca argentina no existen los controles.
FALSO: Existen muchísimos controles inspectores, observadores a bordo, patrullajes y abordajes sorpresivos. Sistema de monitoreo satelital controlado por la Subsecretaría de Pesca y Prefectura. Declaraciones juradas de capturas durante la marea previas a las descargas. Certificados de pesca legal basados en la trazabilidad. Obviamente que todos los controles son perfectibles, pero no se puede afirmar livianamente que el sector no está controlado, que se controla a sí mismo.
MITO NUEVE: La industria pesquera especula y difiere en la liquidación de divisas cuando siente que el dólar está atrasado.
FALSO: La estructura de costos de la industria pesquera es tan asfixiante que el sector no se puede dar el lujo de diferir exportaciones o el ingreso de divisas. Apenas se concreta una venta, se carga y se liquida porque las empresas no tienen espalda ni la financiación suficiente para afrontar de otro modo el pago de salarios y demás costos operativos. Esto puede verificarse fácilmente con la distribución de exportaciones a lo largo del año en coincidencia con las temporadas de captura. Además se trata de productos perecederos cuyo almacenamiento en cámaras de frío es muy oneroso. No existen los silos bolsa de langostinos.
MITO DIEZ: La pesca de arrastre es depredatoria y atenta contra la naturaleza.
FALSO: Es posible realizar una pesca responsable y sustentable en la Argentina. El ejemplo de recuperación que ha tenido la merluza gracias a la aplicación y el cumplimiento de medidas de manejo como la gran zona de veda, los controles de inspectores, las artes de pesca y principalmente la implementación del régimen de cuotas individuales transferibles de captura son una clara muestra.
Otro ejemplo son las medidas de manejo del langostino donde se cerró la pesca del Golfo San Jorge y se permite la captura con artes de pesca especiales en aguas nacionales y en zonas que se van abriendo y cerrando de acuerdo a la no presencia de juveniles ni fauna acompañante, lo cual ha permitido un aumento exponencial de las capturas.
Respecto de la pesca de arrastre, su demonización es absurda y fruto del desconocimiento. El impacto de la pesca de arrastre depende del tipo de pesquería y del tipo de fondo: roca coral, barro, arena. Pasar un rastrillo por un jardín de césped lo destruirá. Pero pasar el mismo rastrillo por una playa de arena no genera ningún efecto.
Y además, las redes de arrastre no van arrasando el fondo. Si así fuera, vendrían cargadas de barro y se romperían todo el tiempo. Gracias a los portones y la tecnología van muy cerca del fondo, pero casi sin tocarlo. Existen montones de pesquerías de arrastre alrededor del mundo que están certificadas por organismos internacionales. La Argentina está en vías de sumarse a ellas y si el arrastre de por si fuera un arte depredador esto sería inviable.
Algunos piensan erróneamente que los anzuelos son selectivos y las redes de arrastre no. El ejemplo de la merluza negra donde la flota palangre diezmó a la especie demuestra claramente lo contrario. En definitiva, el problema no es el arte de pesca, sino la forma como se hizo.
Desafíos de la pesca argentina
La pesca argentina tiene muchos desafíos de cara al futuro. El primero es su supervivencia interna. Para ello debo ilustrar a los políticos, legisladores y comunicadores sobre qué es y qué se hace en la industria pesquera argentina, porque muchos lo desconocen y tienen preconceptos erróneos. Quizás por ese desconocimiento algún funcionario pretendió instaurar la idea de empobrecer a las actuales empresas del sector para reemplazarlas por otras, algo que es totalmente injusto y descabellado.
Superada esta etapa, quedarán los desafíos económicos para sortear una coyuntura de precios internacionales a la baja, tipo de cambio poco competitivos y altos costos de explotación y procesamiento.
Algunos de estos desafíos son desregular y desburocratizar una actividad que hoy requiere de 133 trámites distintos para operar un barco, significando todos ellos ineficiencias y sobrecostos.
Certificar la mayor cantidad de pesquerías para poder acceder a mercados retail que actualmente tenemos excluidos por no contar con certificaciones internacionales. Suscribir acuerdos de libre comercio para que nuestros productos pesqueros entren a todos los mercados sin pagar altísimos aranceles, tal como lo hacen otros países latinoamericanos.
Suscribir acuerdos con los países que operan en la milla 201 para establecer zonas y épocas de regulaciones en las artes de pesca y medidas de contralor que combatan el trabajo esclavo.
Organizar campañas de difusión locales y globales para aumentar el consumo interno y diferenciar a nuestras capturas salvajes de aguas no contaminadas de los pescados y camarones de cultivo.
Aumentar los montos exportados con el agregado de valor, ya que no es posible seguir incrementando las capturas. Muchas empresas realizan valor agregado en la Argentina, pero es como luchar contra molinos de viento cuando no existen políticas acordes. Se estima que la industria podría duplicar sus exportaciones con el nivel actual de capturas. El objetivo es que se nos identifique como una industria alimenticia y no una actividad extractiva.
Sacar definitivamente de los supermercados del mundo la etiqueta que diga producto de Argentina procesado en Perú o China. Adecuar la estructura de costos para volver al esquema histórico de tres partes de lo comercializado que indicaba un 33% para el pago de salarios, un 33% para los pagos operativos y un 33% de contribución marginal para hacer frente al pago de impuestos, renovación de flota e inversiones en tecnología.
Actualmente, algunas pesquerías tienen costos salariales del 65% del valor de lo capturado y cuando se adicionan el resto de los gastos operativos, las empresas quedan con márgenes de rentabilidad negativos. Esto no es sustentable en el tiempo y más temprano que tarde desencadenará en una nueva crisis. Armadores y sindicatos deben sincerar y renegociar los convenios para asegurar los buenos niveles de ingresos que debe tener una actividad tan sacrificada y riesgosa, pero sin comprometer la viabilidad de la misma.
No interrumpir la renovación de la flota. Este proceso virtuoso e inédito en la historia de la pesca argentina, cuyo disparador fueron las tragedias del Repunte y el Rigel, se están viendo ralentizada por la crisis del sector. Los aumentos de costo de la industria nacional y las amenazas de la competencia desleal del barco usado y de una eventual licitación de cuotas.
Debemos recuperar la rentabilidad y la seguridad jurídica garantizando que no existirán competencias desleales para que la renta pesquera se derrame no solo con impuestos sino también a través de industrias como la naval y toda la gran cadena de valor en una mayor parte de la sociedad, compitiendo sanamente y mejorando la seguridad y eficiencia de nuestros buques.
La industria pesquera argentina es un sector integrado por más de 500 empresas de capitales nacionales extranjeros que emplea en forma directa e indirecta a 46.000 personas, que opera 800 buques con permiso nacional y unos 200 artesanales.
Las 780.000 toneladas de pescados y mariscos que se capturan cada año se procesan tanto a bordo de los buques como en algunos de los 377 establecimientos fabriles distribuidos en todo el país, siendo toda esta operatoria fundamental para el desarrollo de ciudades marítimas costeras como Mar del Plata, Puerto Madryn, Rawson, Puerto Deseado, Comodoro Rivadavia, Caleta Paula, Ushuaia, General Lavalle y Punta Quilla.
El sector genera exportaciones anuales de aproximadamente 1.800.000.000 de dólares, concretadas por un universo de 200 empresas exportadoras que venden a más de 100 países. Es un sector que tiene una historia de más de 150 años que paga salarios muy elevados, los cuales motoriza la economía de diversas ciudades costeras y que solo en los últimos 20 años aportó al fisco más de 2.300.000.000 de dólares en concepto de derecho de exportación. La pesca argentina no merece ser castigada ni desplazada por desconocimiento. Merece ser considerada adecuadamente para potenciar su desarrollo y garantizar la subsistencia del recurso hídrico y del empleo, aumentando las exportaciones.
